DECADENCIA DE LA CLASE POLÍTICA

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Cuando se insiste en hacer las cosas mal y en forma equivocada, es muy fácil perder el prestigio y sucumbir muy pronto en la decadencia.

Igual para un gobierno, que para un gremio o incluso un profesiónista, el prestigio es fundamental ante la sociedad. Se construye a base de hacer las cosas cumpliendo con la ley, los códigos éticos y los principios rectores del desempeño social.

Hoy la sociedad se pregunta sobre la irresponsabilidad de la clase gobernante, concretamente de los políticos de carrera que, toman en sus manos los destinos de un país y acaban por echar a perder las cosas y entregan pobres resultados.

La gente pierde confianza en su modo de proceder y más grave aún, debido al frecuente desliz y tropiezo con la ineptitud y la corrupción.

Son estas dos ultimas manchas, las que marcan la pauta de la flagrante decadencia en que ya se encuentra la clase política. Entre la demagogia y el teatro electoral, repleto de arribistas y advenedizos, los cargos públicos los ocupan gente ambiciosa, egoísta e ineficiente. Por hay se escapan algunos virtuosos y altruistas, para cumplir con la excepción a la regla, pero en general los políticos ya no gozan de un positivo reconocimiento público.

El problema se agudiza cuando volteamos al entorno social y nos preguntamos ¿Ahora qué vamos a hacer? si no es la clase política ¿Quién nos va a gobernar?

Muchos tenemos la esperanza puesta en la sociedad civil organizada, en las comunidades y en la buena voluntad ciudadana. Pero el riesgo sigue siendo elevado, la falta de preparación y experiencia muy pronto nos llevaría de nuevo a la ineficiencia y a la corrupción.

Por eso parece que la única salida es un trabajo conjuntó más estrecho, entre la clase política que va en franco descenso y la vigilancia estrecha y responsable por parte de la ciudadanía.

El pueblo le tiene que exigir más preparación y rendición de cuentas a los políticos y no dejarse envolver por sus mentiras y engañosas estrategias.

La lucha entre las organizaciones e instituciones ciudadanas, en contra de los cotos del poder político, a penas empieza.

Desde exigir transparencia, información y el cuidado de los derechos humanos, hasta poder llevar a juicio a un mal político, deben de fortalecerse como instrumentos que le den equilibrio al poder público en manos del ciudadano común.

Es evidente que ante el desprestigio y la decadencia de la clase política, tienen que surgir alternativas emergentes que le den alivio al paupérrimo desempeño que han tenido. Principalmente por los escándalos de corrupción y mal uso del poder que se les ha conferido.

Mucha gente está harta y ya no quiere quedarse con los brazos cruzados viendo el deterioro de los que se supone, deben ser personas ejemplares, de elevados principios y valores sociales.

Por lo pronto los políticos necesitan recapacitar y hacer el intento por enderezar el camino.

Urge que tengan más preparación, civilidad y cumplimiento estricto de la misma ley.

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