¿Por qué los celos destruyen a la pareja?

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El tener necesidad de poseer, controlar y vigilar al otro, es un enfoque centrado en el ego, no en el corazón; está más bien motivado por el miedo a perder al “objeto” amado que a procurar el bien que merece.

Se pueden vivir muchos años atormentándose uno al otro, porque los celos suelen crear una coodependencia. Así que viven teniendo miedo a perderse uno del otro, prefieren seguir juntos y esclavizados a sus emociones egoistas que a sufrir de soledad.

Si bien muchas parejas se pueden acostumbrar a vivir con celos, también se adaptan a tener una baja calidad de vida entre ellos, el gozo y la alegría de disfrutar de la confianza y la libertad, se apartan de su vida, de tal manera de que llegan a ser incapaces de identificar la satisfacción de saborear de tan delicioso elixir del alma.

Desde luego que muchas parejas de celosos realmente se quieren, pero al mismo tiempo se habitúan a hacerse la vida más complicada, difícil y tortuosa. Como son posesivos y apegados, no pueden dejar de querer y estar con el otro, así que están dispuestos a pagar la costosa factura de vivir sufriendo.

Los celos son una epidemia para el bienestar de la vida conyugal, y en consecuencia para la familia. Perturben las emociones y generan ira y violencia. A los hijos de padres celosos, los enseñan a ser iguales y justificar su desconfianza, control y posesividad.

Al repensar el matrimonio y proponer nuevas maneras de relacionarnos, tenemos que contemplar una mayor educación prematrimonial en la que se enfatice, que los celos son una patología y no una manera de cuidar la relación. Aunque es justo aceptar que en nuestra condición humana, existen remanentes de celos instintivos que aun impulsan a marcar territorios y a quererlos proteger de invasores.

Los que padecen de celos, desde sus primeras relaciones de noviazgo, necesitan atenderse y aprender a manejar sus ideas fantasiosas, su sistema de desconfianza y su tendencia egoísta y posesiva.

Hay que advertir a las parejas jóvenes que se piensan casar, que los celos son destructivos y progresivamente crecientes, que no disminuyen ni desaparecen.

Que los celos no conducen a la estabilidad y a una vida basada en las virtudes y en el verdadero Amor, pues este promueve el bien, el crecimiento, la confianza y la libertad.

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