Que el pueblo aprenda a identificar a los falsos líderes.

Liderazgo, poder y autoridad

Hay quien es líder y no tiene poder, hay quien tiene poder y no es líder, y muchos que tienen autoridad y no son líderes, y el poder lo obtienen del cargo que tienen.

La política la deberían de hacer los verdaderos líderes, no los hombres con poder que lo obtienen de su posición, ni mucho menos de una autoridad, sin el conocimiento y la capacidad para ejercer el cargo.

En la psicología política nos tomamos muy en serio el identificar y reconocer a los verdaderos líderes e identificar sus talentos y habilidades.

Como también el desenmascarar a los falsos líderes y sobre todo a los que pretende un cargo público como resultado de la demagogia y la teatralidad política o a base de una actuación con faramalla.

Los verdaderos líderes tienen un carisma especial, su presencia es grata e imponente, desde su mirada y trato hablan de su sensibilidad a los demás. Tienen un rasgo muy peculiar, al notar las necesidades del grupo al que pertenecen y saben escucharlas con una visión clara de cómo satisfacerlas. Saben guiar y conducir, a quienes les hacen caso, y lo bueno es que si saben convencer con honestidad.

En cambio los falsos líderes, aparentan y visten como si lo fueran y se comportan de tal manera que no parece que traen un disfraz, son mimos o magos. Son maestros en el arte de fingir y engañar. Finalmente están actuando a mostrarse como líderes, cuando en realidad no lo son. Simulan que te conocen y te saludan con mucho afecto y ni si quiera te identifican. Actúan como si supieran algún tema, pero todo es artificial. Es fruto de lo que le proporcionan sus colaboradores cercanos. Saben disfrazares del atuendo que corresponde, acorde al escenario en donde tendrán un evento. No son auténticos, si van a una reunión de obreros se visten acorde al momento, si van con empresarios igual, todo depende de la ocasión. No son genuinos.

Hay personas que teniendo poder económico, pretenden ser líderes y con su dinero quieren comprar voluntades. Lo mismo suelen hacer los que tienen alguna autoridad.

El problema de fondo es que muchas veces lo logran. Porque saben actuar tan bien, como lo hacen los actores de teatro o cine, que causan una muy grata impresión; pero por dentro son huecos y sin los talentos adecuados. Viven una doble vida: la real y la ficticia.

La gente suele comprar la imagen falsa de estos demagogos y actores públicos, que suelen tener muy buena oratoria, pero que está basada en una retórica del “blal bla bla”, que más se parece a los merolicos de mercado, que acaban vendiendo pócimas baratas e inútiles, como si fueran medicinas cura todo.

La democracia debe también preocuparse por educar al pueblo a no consumir la chatarra política de los falsos líderes y a enseñar a distinguir la diferencia entre una verdadera autoridad de una corrupta. A reconocer el talento, por encima del la demagogia e impulsar a los que verdaderamente tienen el don para ejercer el poder.

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