La relación entre un temblor y la política

Tembló la tierra.

En la noche del 6 de junio de 1911, poco después de la caída del Presidente Porfirio Díaz y la ansiada entrada del ingreso a la Ciudad de México del flamante triunfo de Francisco I. Madero. A las 4:30 de la madrugada del siguiente día se sintió un fuerte temblor que hizo caer casas, muros y la tranquilidad de los Capitalinos que se asustaron de tal manera que salieron de sus casas con gritos y rezos para salvar sus vidas.
El cuartel general del ejercito federal que había logrado librar los encuentros con la rebelión maderista, se quedó sepultada en la caída del Cuartel de San Cosme, lo que no había logrado la artillería de los revolucionarios.
Los movimientos telúricos a veces generan más cambios que los mismos movimientos político-militares.
Un verso corrió en aquellos tiempos “El día que Madero llegó, hasta la tierra tembló”
A pesar de lo sucedido esa madrugada, más de 100 mil personas salieron a las calles a ver pasar al gran líder, que logró destituir a un gobierno que duró más de treinta años en el poder.
Lo interesante de la relación entre temblores y situación cívico-social del mexicano es que efectivamente si se dan cambios en la población después de los terremotos y catástrofes naturales.
Y casualmente 32 años después la tierra vuelve a manifestarse de igual manera.
Son momentos en que brota de nuevo la solidaridad y el compromiso genuino de la gente.
Del México bárbaro y corrupto, de una sociedad violenta y sinvergüenza; con los temblores aparece el País de la generosidad, de la preocupación por el bienestar de los demás, de agitar la bandera de la fe y el resplandor del ojalá y nada le haya pasado a mi familia y amigos.
Desde luego que existe mucha pretensión esotérica ligar los eventos naturales con la situación política, pero es una bella oportunidad literaria de aunar la entrada de los maderistas y con ella la caída de un gobierno impositivo, a un temblor.
Por lo que es tentador hacer lo mismo hoy en día y preguntarnos si no es una deliciosa señal, el que tenemos que hacer cambios urgentes en nuestro modo de gobernar y conducir la política en este país, si es que queremos hacerle caso a la madre naturaleza, a la madre patria.
Dos veces tiembla el mismo día de septiembre y bien sabemos que muchas cosas cambiaron en la vida de muchos capitalinos desde entonces. Como seguramente sucederá en próximas fechas con mucha gente.
El tema es muy sencillo y se puede interpretar como un bizarro aviso, pero al fin un recordatorio ¿Vamos a cambiar y hacer mejor las cosas o seguiremos viviendo en la delincuencia y la impunidad? Y volver a caer en el maximato del poder y el desdén al pueblo.
México es tierra de volcanes, de huracanes y terremotos; de revoluciones y movimientos sociales.
Hay que estar preparados para cualquier nueva catástrofe y además hacer cada vez un mejor país.
Hoy parece cierto, que por momentos el poder está en las manos de los ciudadanos, pues la ineptitud y perplejidad de los funcionarios, a quedado más que evidente.

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