Los corruptos y su familia

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Psicología de la familia de un corrupto.
En nuestras investigaciones sobre la identidad del mexicano, hemos llegado a este punto en el que descubrimos que existe  un sistema de vida, que permite la mentira, la hipocresía y desde luego la doble vida.

El corrupto,  justifica moralmente sus actos y repite sus conductas a base de convencerse de que no tiene nada malo lo que está haciendo, porque también muchos otros lo hacen, además si no se es transa “no se avanza”. Si no lo hago yo lo hará otro, así es como funcionan las cosas.

Lo interesante  es que el corrupto no actúa sólo, encuentra aliados y descubre que se vale hacer de todo, con tal de beneficiar a su familia, con sus flagrantes fechorías. El truco está en que nadie de ellos descubra la fuente de sus ingresos. Salvo que se vea obligado a confesarlo o de plano, por algún error, sea descubierto “con las manos en la masa”.

La familia tiene dos opciones, o se mantiene en la ignorancia de lo que realmente sucede, o muy pronto aprende a fingir que no está enterado de nada y vive simulando que no sabe.

La primera nos lleva al tema de inteligencia, es decir, al  mínimo uso de las capacidades para preguntarse de dónde viene tanto dinero, de una chamba que a todas luces no arrojaría excesos de recursos. Y por esa misma razón, no preguntar lo elemental de cómo es que de un trabajo de asalariado o de un negocio con limitaciones, se pueden obtener tantas ganancias, como para hacer un cuantioso patrimonio, en pocos años.

La segunda nos conduce al tema de vivir en la mentira, en el autoengaño y finalmente en una falacia. Como que sé, pero no quiero saber y finjo demencia. Pero lo intuyo y me late, pero prefiero vivir con una venda en los ojos.

En una familia que se promueve la ignorancia de algo tan elemental, como saber la fuente de la riqueza que se tiene, enseña a vivir en la distorsión de la verdad objetiva y  con ello la cancelación del uso de la inteligencia en cosas elementales. Lo que suele promover que la inteligencia sólo sirve para indagar y pensar unas cosas y otras se cancelan.

Y cuando se enseña a vivir en la simulación, en el arte de fingir con una vida doble, se trasmite una inseguridad, al eliminar la honestidad y la autenticidad en sentirse congruentes consigo mismo y  lo que se hace, sea con orgullo y transparencia en la vida.

Esto es tan actual,  que la sociedad para empezar a sanar este constante deseo de ocultar y maquillar las cosas,  hemos tenido que crear una institución pública que tenga que transparentar. Cuando nunca debió de necesitarse, pues se supone que todo debe de ser así.

La familia no debe ser ni la justificación, ni la receptora de los actos de un corrupto.

Podrá proporcionar mucho dinero, pero no valores y una vida sana y menos tóxica.

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