¿Te haces la víctima?

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Procura no hacerlo.
          En esta vida tienes las opciones de ser el verdugo, la víctima, o ninguna de las dos.

De hecho, es preferible que se tome la tercera, es la más sana. Sin embargo hay mucha gente que elige la primera o la segunda, y desde luego esto genera diversas complicaciones.

Optar por ser verdugo implica ser el agresivo, el vengador, el que camina desquitándose con quien le venga en gana, con tal de descargar lo que siente que le hicieron en el pasado.  Y casualmente siempre encuentra en quién ejercer su papel. Alguien tiene que pagar los platos rotos de lo que siente que le hicieron.

Y por su parte, la víctima parece que busca a un verdugo, para seguir justificando sus lamentos, continuar lamiéndose las heridas y vivir con sentimientos permanentes de sufrimiento y tristeza, por algo que también le hicieron en el pasado. 

Por eso se encuentran verdugos y víctimas en la vida, y se hacen cómplices, uno para agredir y el otro para justificar su sufrimiento.

Así por ejemplo, una hija de padre alcohólico, que sufrió de las escenas de violencia en casa por parte de su padre (verdugo), ella (víctima) buscará casarse, inconscientemente, con un hombre con incipiente alcoholismo, para así continuar con su papel de víctima, asegurando vivir con un verdugo que la continúe atormentando.  

De aquí la importancia de no ser ni uno ni otro. Ni mucho menos traspasar ese desagradable teatro a la relación con los hijos. Si de hijo se fue víctima de los padres, ahora no ser el verdugo de ellos.

Ni por supuesto, hacerse la víctima de los hijos, aunque se sienta que te han fallado o tratado mal.

Conozco a muchos hombres que al sentir su fracaso como padres, por tener un hijo adicto, muy fácilmente se hacen las víctimas y recurren a la huida del hogar y de sus responsabilidades por no soportar la situación. O simplemente corren al hijo para sentir que eliminan el problema. Y se comportan como verdugos.

Si te sientes una víctima, recuerda que tu mismo puedes estar buscando y encontrando a tus verdugos. Y lo peor del caso, es que tu mismo puedes ser tu propio verdugo.

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