A mí no me echen la culpa

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Ya dejen de señalarme.
Es muy común que en el entorno familiar, alguien se dedique a estar señalando los defectos adictivos que puede uno tener.

¡Eres mariguano!,  ¡Eres el problema de la familia!,  ¡Mira como tienes a mis papas, con tus cosas!,  ¡ya lárgate de la casa!,  ¡Déjanos en paz!, ¡Tirado en tu cama y sin hacer nada!,  ¡Ya no te queremos!, ¡Nos causas muchos problemas!, ¡Estas contaminando a tus hermanos menores!, ¡Ponte a trabajar!, ¡Cuesta mucho tu rehabilitación, y no sirve para nada!, ¡Mal agradecido e inútil!, y en fin la lista puede crecer, porque de repelar y quejarse por sus problemas puede ser inagotable.

¿Qué pasa?

Pues es muy fácil acusar y echarle la culpa a alguien que esté en problemas, y creer que con eliminarlo, ya todo va a cambiar.

Al que parece el más problemático, es al que hay que echarle toda la basura encima. Que apeste, y que se largue. Así todos vamos a estar más agusto. 

Es muy importante enterarse de que este mecanismo familiar o social, no es tan sencillo como parece. Pues ciertamente muchos de los problemas de una familia, los puede estar viviendo, en carne propia, sólo uno de sus miembros, a veces es el más sensible e inteligente, o el catalizador. Pero el problema es de toda la familia, o de todo el grupo social. 

La visión sistémica o estructuralista, habla de que el adicto, es sólo una parte visible y manifiesta del problema que vive toda la familia. Por lo que no se resuelve con sólo querer extirpar, al que parece más enfermo. Por eso no sirve de nada señalar al que pasa por un mal momento, y no afrontar el problema de fondo de todos.

Una crisis conyugal de los padres, puede sacudir la estabilidad de uno de sus hijos, y por ende caer en una adicción. Y ahora el hijo ser el problema principal, pero la realidad es que los conflictos de los papas, puede ser la causa. 

Hay que preguntarnos ¿Qué está pasando en la familia? antes de permitir que todos señalemos a uno, y lo acusemos de ser el problema que todos tenemos. 

Por eso, antes de señalar a otro, pregúntate, qué estás haciendo tu. 

         En vez de acusar, empieza por ver la viga en tus propios ojos.

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