La Constitución de 1824

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Estamos conmemorando que hace un siglo se promulgó  la Carta Magna que hoy rige nuestra Nación. 

Para festejar la tercera versión, que es la de 1917, es importante reconocer la de 1857, y sobre todo la de 1824. A esta última le dedicaremos éste artículo.

Fue el 4 de octubre de 1824, cuando el Congreso Constituyente la promulga después de 14 años de  revolución, “y costosos sacrificios que fueron necesarios para que la nacion llegara á conseguir por fin el bien inapreciable de su independencia. Este es asunto que desempeñará á su tiempo la historia de nuestros días. Por  ahora importa solamente recordaros que rota y despedazada por los constantes golpes del patriotismo la cadena que nos había ligado con la España, no podía haber otro centro de unidad ni otro lazo que estrechara entre sí á las diversas provincias de esta gran nacion, sino el gefe que hubiera reconocido la totalidad de los pueblos al pronunciar su independencia” 

Así hablaban nuestros primeros constituyentes en la Introducción que plasmaron en aquel documento tan importante de 1824.

Y continúan afirmando que: “crear un gobierno firme y liberal sin que sea peligroso: hacer tomar al pueblo mexicano el rango que le corresponde entre las naciones civilizadas y ejercer la influencia que deben darle su situacion, su nombre y sus riquezas: hacer reinar la igualdad ante la ley, la libertad sin desorden, la paz sin opresion, la justicia sin rigor, la clemencia sin debilidad: demarcar sus límites á las autoridades supremas de la nacion: combinar estas de modo que su union produzcan siempre el bien, y haga imposible el mal”

A los tres poderes le asignaron los siguientes conceptos, nuestros primeros constituyentes: “Un poder legislativo sin precipitacion ni estravio; Un poder ejecutivo con autoridad y decoro á hacerles respetable en lo interior, y digno de toda consideracion para con los estrangeros: asegurar al poder judicial una independencia tal que jamas cause inquietudes á la inocencia ni menos preste seguridades al crimen…” (La ortografía corresponde al original del documento).

De ésta manera podemos entender que la naciente República tiene muy claros los conceptos fundamentales de el cómo debía de desarrollarse nuestra manera de gobierno y de los valores que determinarían nuestro modo de ser.

Cabe señalar la influencia del pensamiento de los liberales de la época,  que de alguna manera fueron capaces de plasmar, con una visión trascendente para el futuro de la Patria.

Aspirar a ser una nación civilizada no ha sido fácil hasta nuestros día, al igual que hacer reinar la igualdad de todos los mexicanos ante la ley,  porque lo han dejado de hacer muchos gobiernos desde entonces, como también ejercer la libertad haciendo desordenes y luchas sangrientas, sin recurrir a ese forma civilizada y legal a la que aspirábamos. Y qué decir del elocuente concepto,  de que el poder judicial tenga independencia y que jamás cause inquietudes a los inocentes y que no se preste a darle seguridad al crimen. Cosa, que actualmente aun no hemos podido consagrar.

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