El mexicano y el poder

el

​El poder centrado en pocas personas.
Una de las características importantes de nuestra identidad en el orden político, es que arrastramos, desde tiempos muy remotos, la visión de que son los líderes, los “tlatoanis”, los caciques, los reyes, los emperadores, y todo lo que se le asemeje, como el único responsable de lo que acontece.

Así por ejemplo, hoy le endosamos todos los males que acontecen en México, al presidente, y eso es simplemente falso, pues existe un sistema político, que bien o mal funciona.

Sin embargo,  hay que tomar en cuenta que en nuestra mente sí existe la idea de que las personas están por encima del sistema, y desde luego de las leyes. Y que por eso, desde el nacimiento de nuestra Nación independiente, se plasmó en la primera Constitución de 1824, lo siguiente: “División de Poderes

Art. 9.- El Poder Supremo de la Federación Mexicana se divide para su ejercicio, en Legislativo, Ejecutivo, y Judicial; y jamás podrán reunirse dos ó mas de estos poderes en una sola corporación ó persona, ni depositarse el Legislativo en un solo individuo.”

Todo ese artículo 9,  tenía como fin frenar la tentación de centralizar el poder en una o pocas manos. Hecho que no se ha podido evitar,  hasta nuestros días.

De aquí que un político, intelectual y escritor, como José Vasconcelos, en su breve Historia de México, escribiera sobre la dictadura personal como sistema. Y nos hace estas notas: “Durante todo el período colonial, el poder de los virreyes tuvo dos límites: las facultades de carácter judicial y administrativo conferidas por la Ley a la Audiencia, y el poder municipal que se desarrollo en todas las posesiones de España… El liberalismo empieza en la Nueva España, con un absolutismo, como el de Carlos III, que es francamente hostil a las libertades municipales, que mira con desconfianza a la Iglesia y que lentamente va convirtiendo a los Virreyes, de prudentes, desinteresados gobernantes que fueran con autoridad, en tiranuelos que acabaron por ejercer las funciones del capitán general. De suerte que el llamado “absolutismo ilustrado”, de Carlos III, vino a cambiar el régimen democrático de las colonias, con un militarismo que por medio del Intendente destruyó las libertades municipales, a la vez que transformaba el gobierno civil en gobierno militar. El gobierno personal tomó carácter todavía más acentuado al establecerse la Independencia. La era de los Generales, la inicia Iturbide, la continúa Santa Anna, la prolonga Porfirio Diaz y revive en la figura reaccionaria y obtusa de don Venustiano Carranza y los generales que fueron heredando su sistema de gobierno por el capricho y el abuso de la fuerza.”

Este análisis de Vasconcelos nos ayuda a entender,  que buena parte de los males de nuestra identidad, y en consecuencia de nuestro sistema político, es no respetar la división de poderes, el gobierno civil, la democracia y el municipio, y querer imponer a la fuerza, de las armas si es necesario o de las leyes y el centralismo,  el poder de unos cuantos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s