Las revoluciones inician en los intelectuales.

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​Los hombres notables de fines del siglo XVIII
En el compendio de la Historia de México, del célebre Luis Perez Verdía, publicado en su tercera edición en 1900. En el Capítulo XII, nos narra lo que se hizo en el año de 1790: “El día 27 de diciembre (1789) , se hizo la jura solemne del nuevo rey Carlos IV, hijo de Carlos III y de María Amelia Walburg.”

Mientras en México: “… el virrey se ocupó en mejorar el servicio de de policia, mandando establecer el alumbrado público, empedrar las calles, limpiar las acequias, formar las atarjeas de las calles y embellecer de este modo la capital. al nivelar la plaza principal para empedrarla, se encontró el día 17 de diciembre de 1790 la famosa piedra del tonalamatl aztecalt, que el virrey pasó al estudio de del arqueólogo D. Antonio de León y Gama, que dio una magnifica descripción. Creó escuelas gratuitas para niños de ambos sexos; abrió el 1 de enero de 1792 el colegio de Minería; inauguró las lecciones de botánica…”

“Fecunda fue la centuria que acababa de pasar en ingenios que ilustraron las ciencias y las letras. don Joaquin Velazquez de León, D. Antonio de León y Gama y José Antonio Alzate, fueron sabios que alcanzaron europea reputación; D. Francisco Javier Clavijero inmortalizó su nombre con su historia antigua de Méjico; los padres Alegre y Cavo y D. Mariano Veyta dieron a luz trabajos históricos y literarios de gran mérito; cultivaron con éxito la poesía el padre Diego José de Abad, D. Francisco Ruiz de León, fray Manuel de Navarrete y el padre Juan Manuel Sartorio. Miguel Cabrera ocupó el primer sitio entre los pintores mexicanos, y Alcibar y Zendejas dejaron también famosos lienzos, á la vez que D. Francisco Eduardo Tres Guerras levantaba en el Carmen de Celaya un monumento arquitectónico capaz de contener fama.”

“Sin embargo, distaba mucho de hallarse generalizada la instrucción pública, y los mas groseros errores eran acogidos no sólo por las masas populares que yacían sumergidas en profunda ignorancia, sino aun por funcionarios y personajes prominentes…”

En este ambiente, que describe Perez Verdía, nos trata de puntualizar un cierto progreso en varios aspectos, más sin embargo ya existía una escalda de conspiraciones, como la “de un indio llamado Mariano en la sierra de Tepic promovió una sedición tratando de restablecer la monarquía de Motecuhzoma.”

Un levantamiento muy parecido al que ocurrió en 1795 en el “pueblo de Cisteil Yucatan durante unas fiestas un vicioso panadero llamado Jacinto Canek provocó una rebelión de los indios excitándolos por el rigor con que los jueces los trataban; por lo oneroso del tributo que pagaban al rey y á los encomenderos y por la indiferencia con que los curas miraban a la clase indígena…revela el espíritu dominante de la raza indígena de odio hacia los gobernantes y descendientes de los conquistadores, á la vez que de superstición y la tendencia á la sociedad bajo las bases del gobierno azteca, que ha provocado la terrible guerra de castas.”

Es el preámbulo de las ideas de independencia.    

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