La Virgen de Guadalupe española.

EL ESTANDARTE DE LAS TROPAS DE CORTES.

En su libro de la Historia Universal de la Primitiva, y Milagrosa Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, fundacion y grandezas de su Santa Casa y algunos milagros que ha hecho en el presente siglo, impresa en Madrid en 1743 y por autor a Fray Francisco de San Jose, ex prior del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, en España.

De esta Historia, poco conocida,  se encuentran muchos detalles importantes que debemos de considerar sobre nuestra identidad como pueblo Guadalupano.

En el capítulo 21 inciso 10,  nos relata lo siguiente que es digno de analizar, pues de principio las tropas guerreaban contra los indígenas respaldados por la Virgen de Guadalupe.

“Estos fortisimos lazos desato, sin entederlo los Indios, la Madre de Dios de Guadalupe; porque combatiendo de Mexicanos, y Españoles, después de muchas batallas, y meses de resistencia, en que no qusieron entregarles la Ciudad, aparecio en el aire  la Santisima Virgen, del mismo talle, y de la forma misma, que se venera en su Templo, arrojando puños de tierra en los ojos de los Mexicanos, para que se diesen a los Españoles; y se levanto un huracan de la parte que se dejo ver la Virgen, con rafagas de sangre, y fuego, que cerco a los Mexicanos en forma de torbellino, de que ellos pavoroso desistieron de su porfia, y con el mejor acuerdo entregaron la Ciudad, sujetandose despues al suave yugo del Evangelio, y Ley Santa de Jesu Cristo; con que acabo su Idolo Vitzilipuztli, que tan ciegos, como engañados,  los tuvo casi seis siglos.

11. No me parece ageno de buena congetura, invocaria muchas veces en su defensa a la Madre de Dios de Guadalupe el insigne Marques del Valle Don Fernando Cortes, General de esta Conquista, en este, y otros muchos lances, que le ofrecieron de gran peligro, porque era devotisimo de esta Señora”

Está descripción nos permite entender  la trascendencia que tuvo para las tropas del ejército de Cortes, el apoyo moral y espiritual de la Virgen María,  en el triunfo militar sobre los indígenas. Y lo importante que es comprender,  que en muy pocos años después, es la misma Guadalupana, la que se hace, milagrosamente presente, para convertirse en el apoyo y el respaldo espiritual y moral, ahora del pueblo conquistado.

Es decir, la misma Guadalupana está primero en favor del conquistador, para finalmente acabar siendo un apoyo pleno para todos los mexicanos conquistados.

Por eso, nuestra identidad tiene incrustado, desde su origen, el amor protector de la misma madre espiritual, entre los  españoles [los conquistadores] y los mexicanos [los conquistados] nos hermana la misma madre, la de Guadalupe, España; con la del Tepeyac, en México.

Acorde a esta visión, la psicología de nuestra identidad ancestral,  herida por el conquistador, resulta atenuada,  al contar con el amor protector de la Milagrosa Madre. Eso puede explicar, en parte, la fortaleza que sentimos al llamarnos Guadalupanos, pues es en ella que se establece el sincretismo hispano/tenochca. Somos hermanos, no enemigos.

De esta manera podemos señalar, que los españoles no quieren destruir al indígena, sino evangelizarlo. Y el indígena no odia ni quiere matar al español, sino aceptarlo. En eso consiste ser Guadalupano.

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