Saber decir ¡no! a tiempo.

el

El no, mas deseado.

¿Cuánto quisiéramos que nuestros hijos les dijeran un rotundo NO, a las primeras peticiones para consumir una droga?
Pero la realidad es que no es tan fácil predecir y preparar para que sean tan seguros en sí mismos, coma para rechazar, desde un inicio, semejante invitación.
Todos hablamos de la importancia que tiene el prevenir el consumo de las drogas, y la mayoría de las personas caen en la simple idea de querer eliminar los productos que se ofertan, o de su producción y tráfico. Pero eso no va a eliminar, que en algún momento, se topen nuestros hijos, con alguna opción estimulante que se fabrique de cualquier inesperada combinación de productos naturales y accesibles, como son los mismos medicamentos legales.
Lo más importante de todo en la prevención, no es acabar con la oferta y el consumo, sino con la necesidad de hacerlo. Muchas veces en eso no estamos pensando.
Por lo que, una de las mejores propuestas para abatir en algo ésta enorme “plaga” que nos azota, bien llamada por el Papa Francisco “una esclavitud química”. Es la de procurar que no se necesite, que no se tenga el apetito de consumirla.
Y eso se logra respondiendo a la pregunta ¿Cuál es la causa y el motivo para hacerlo? Aun a pesar de que la respuesta no es nada simple, ni mucho menos definitiva ni contundente. La mejor respuesta sería: ¡Es el dolor y vacío existencial!, es decir el sufrimiento, la falta de esperanza, el miedo a vivir, la necesidad de huir y evadir la tortuosa realidad, y buscar un momento de paz y placer.
De ésta manera resulta mucho más fácil enfocar todo nuestro esfuerzo preventivo en cooperar, de toda forma posible, para atenuar el sufrimiento y el dolor humano.
Sabemos que muchos piensan en que la solución es más educación e información. Y eso no es suficiente, sino lo que más va a ayudar es el no seguir nutriendo al mundo con las variables de la carencia de sentido en la vida, de falta de valores, de aumento del castigo, de la marginación y el odio.
Es tratando bien a nuestros hijos y no hacer de las escuelas un centro de presión y tensión. De una sociedad más justa y con mayor bienestar.
Vale la pena considerar este punto y así ayudar a que el NO, nazca de no tener que huir de la realidad y sentir que el dolor y el sufrimiento están a su más mínimo nivel.

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