¿El ambiente de tu familia, es neurótico?

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​Los Papas neuróticos de los adictos
Desde luego que no todos los adictos tienen a unos padres neuróticos, y mucho menos que ellos sean la causa de la adicción de sus hijos.

Pero si hablaremos, de los que siendo adictos, tienen a unos padres neuróticos.

Es un concepto un tanto discutible y polémico, pero de cierta manera quiere decir que una persona neurótica no es capaz de disfrutar de la vida, suele ser inestable, le falta hacer cosas productivas y sobre todo vive con miedo y protegiéndose a sí mismo. Por lo regular los neuróticos tienen conductas obsesivas o declaradamente egoístas, quejumbrosas, negativas, pesimistas y altamente criticas y enfadosas con los demás. 

Por eso es difícil poder compartir la vida con una persona neurótica, son muy trabajosas y molestas. De aquí que resulta comprensible que muchos adictos han crecido en un ambiente donde existe algo de esa “cultura neurótica” llena de presiones y tontas preocupaciones, que acaban por boicotear toda clase de alegría y bienestar cotidiano.

El adicto sabe que no puede estar tranquilo en su  casa ni pasársela bien, porque hay uno o más miembros de su familia que no dejan de estar enfadando. Peor aún cuando esos seres enfadosos, son los propios padres o hasta los hermanos.

Los papas que sí son neuróticos, y ellos mismos se han de poner el saco que les corresponde, han hecho del ambiente de su familia un espantoso lugar de convivencia. Si no están criticando, están juzgando, exigiendo, metiéndose en lo que no deben, ejerciendo su autoridad de forma inadecuada,  imponiendo torpes e innecesarios castigos, devaluando las posibilidades de desarrollo de los demás, desalentando los proyectos y metas de sus hijos. Fijándose en el dinero que se gasta, quejándose del trabajo y de lo mucho que se esfuerzan por darle una buena vida a su familia, y en el fondo queriéndosela cobrar a todos. Jugando un papel de víctima, y a la vez hacerla de un vil verdugo.

¿Quién no quiere salir corriendo de personas así, aunque sean tus familiares más cercanos y queridos? 

Por eso, antes de acusar a un hijo adicto, mejor piensa: ¿Qué tan  neurótico he sido yo como padre? ¿Qué tanto he influido en mi familia, para que todo acabe así?

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