Cambiar nuestro futuro, al entender la historia

el

​Reconciliarse con el pasado
Lo que hemos sido, de alguna manera lo volveremos a vivir. Queremos vivir un pasado en libertad, para vivir un futuro creativo.

Que nuestro porvenir sea producto de nuestro esfuerzo y no seguir siendo víctimas de lo que otros deciden que nos toca hacer.

La historia de México está plagada de intervenciones de voluntades que no son las nuestras, de caprichos y abusos de las grandes potencias que han visto en nuestro territorio un botín.

Los ciclos de la historia se pueden seguir repitiendo, círculos concéntricos que arrastran el látigo que nos ata de nuevo a las cadenas de los esclavos.

La visión y el orden de lo que deseamos para nuestro destino colectivo, es solamente nuestro.

Romper la sumisión, la pasividad, el papel de víctima y sometido. Ya no queremos un mitote más en nuestras experiencias históricas, ni queremos que nuestra sangre sea la que se derrame en las calles de la maldita soledad y las lágrimas de nuestras madres, 

 sean el crepúsculo de la irremediable tristeza.

Nuestra vocación no es seguir en el caos, sino salir de él, a base de ponerle un orden a lo que somos y queremos.

Es una lucha por nuestra propia y exclusiva existencia. Es la hora de la autonomía y de la genuina independencia. De retomar nuestra historia y hacerla válida en este eterno presente. No queremos voces lejanas a las tortillas y a los frijoles, y que además nos quieran decir  cómo hacernos un taco. Es más,  ni siquiera que nos insinúen que hay que aplaudirle a las hamburguesas y a las pizzas,  si tenemos tortas y tamales.

Venga lo que venga, estamos con los pies bien puestos con un porvenir que está lleno de mártires y rebeldes, de guerreros e idealistas.

El desaliento es nuestro peor enemigo, el querer correr sin rumbo y tropezarnos con las mismas piedras,  en el tantas veces recorrido camino de la repetición histórica.  

El eterno retorno nos espera con los brazos abiertos, lúgubre seducción de un futuro que no quiere cobardes que le tengan miedo, a los retos que se nos avecinan.

Los mexicanos unidos, en orden y con disciplina somos entes libres. Trabajadores creativos, familias celosas de su bienestar.

No es la hora de echarnos una copa,  y de sólo burlarnos de nuestros dramas.

Es hora de gritar que somos libres para hacer lo que nos venga en gana.

Sacudirnos a los falsos mexicanos, a los corruptos y egoístas, a los sátrapas que no saben más que violar las leyes. A los encantadores de serpientes y amantes de la demagogia. A los que se esconden en un fútil protagonismo  y a la vez afilan su incipiente rapacidad.

Tenemos que creer en el México de los insurgentes, en los verdaderos patriotas que han amado a estas tierra y no las han traicionado con pactos,  en manos de abusivos explotadores.  

Un México que renazca reconciliado con su pasado y ya maduro, con sus desafíos inmediatos en el mañana que queremos conquistar.

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