¿ Quién manda ?

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   En la lucha interna del adicto, está la batalla entre el antojo, el gusto y los deseos;  frente a la determinación de la voluntad de decidir cuándo, cómo y en dónde.

    Si gana el antojo, el cuerpo manda y la voluntad se queda sometida a sus caprichos. En cambio si la voluntad se impone el cuerpo tendrá que obedecer.

     Entre el querer y el poder, está el esfuerzo y la disciplina. Ser constante es indispensable para doblegar la persistente tentación de satisfacer las exigencias del cuerpo.

     Las ganas de seguir gozando lo que más nos gusta, es un imperativo que puede arrastrar a cualquier mente frágil y débil,  simplemente porque el cuerpo tiene una gran poder de exigir todo tipo de placer y de huir de cualquier sufrimiento y dolor.

     El gusto por estar nadando en el mundo de las satisfacciones y sin el freno de una mente restrictiva, resulta un exquisito tobogán rumbo a que el cuerpo viva en el trono de las potestades. No hay quien lo destituya de su mandato y por eso se va a defender de cualquier intento por derrocar su enorme control.

     Un yo fuerte y decidido no admite los chantajes y extorsiones de su propio cuerpo, es capaz incluso de detectar las bajas estrategias y engaños,  para querer imponer su capricho de que se rompa la determinación de decir un tajante no y un rotundo hasta aquí, por parte de la voluntad.

     El cuerpo cuenta con mucho reclamos e impulsos, para buscar romper con las propuestas de dieta o de prohibición que trata de imponer la mente a través de la voluntad. El principal recurso que tiene,  es un simple ¡se me antojó! y como me gusta tanto y no lo puedo dejar,   pues accedí. Aunque en la mente surja la derrota con el sentimiento de culpa, el cuerpo ya ganó su batalla consiguiendo lo que quería, tal y como lo suelen hacer los niños consentido y caprichosos.

      Cuando un adicto quiere salir de su problema, necesita considerar muy en serio,  que su yo, es  decir la mente y la voluntad, tienen que someter y dominar al cuerpo y sus múltiples artimañas que maneja con especial destreza,  para librarse de la inteligencia corporal que domina la mente.

      Por eso la pregunta clave es ¿Quién manda en tu cuerpo o vives sometido a él?

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