La lucha que lleva internamente un adicto

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      Aunque el placer y el gusto ganen la batalla y la adicción siga su camino triunfal, siempre hay un angelito de la guarda, en lo profundo de la conciencia, que te recuerda que la está uno regando.

       Es muy cierto que el verdadero éxito o fracaso en la lucha interna por vencer una adicción, es en la propia conciencia.

        Hay quienes aseguran que la batalla se gana aislando del mundo de las tentaciones, o poniendo distancia con los amigos viciosos. Entre muchas otras prometentes .

        La experiencia e investigaciones nos han conducido a que mientras el afectado por una adicción no esté convencido plenamente de que tiene un problema y de que hay esperanza de hacer algo, no va a salir de su círculo vicioso.

          Hasta que no se adueñe de su alicaida y endeble voluntad, no podrá lograr avances significativos. Por eso la lucha más importante es interna, es decir en alcanzar a conducir la propia voluntad.

          O se alimenta el poder de la adicción o a la fuerza de la voluntad. 

          Se le hace más caso a la voz interna que clama por salir adelante y luchar por el bien de si mismo, o sigue cabalgando el  jinete sin cabeza, que conduce al irremediable deterioro de la calidad de vida.

           El bien y el mal, el caballo blanco y el negro, que al frente de nuestra carreta de la vida nos llevan al destino que deseamos, siempre y cuando sean conducidos con equilibrio. Si dejamos que sólo uno gobierne, nuestra vida no avanza, hace círculos. Tenemos que aceptar que el mal no será erradicado de nuestras mentes, si no sólo justamente balanceado con el bien.

           Una lucha que no termina mas que con la muerte.

           Por eso dicen que un adicto sin amor y virtudes no saldrá adelante, al igual que el santurrón,  si no acepta sus maldades se queda atrapado en la hipocresía.

           No es nada fácil vencer una adicción, pero peor es la  lucha que no se hace.

            Así que entre tumbos, caídas y fracasos el adicto que se levanta y  continúa su lucha  es digno de respeto aunque sucumbe en su esfuerzo.

            Motivar y llevar con decoro y honor una lucha interna,  es de sabios y digno de aplausos y respeto.

             Se logren o no resultados, ya se conduce por la vida, como un verdadero guerrero del bien. Una lucha interna que solo el que la libra sabe todo el dolor y el esmero que hay de por medio. Nadie mas lo entenderá mejor.

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