Por un mexicano más educado

el

Educar para desarrollar la personalidad del mexicano.

Si algo vale la pena de la educación es proponernos un fin específico, y ese consiste en que seamos capaces de aportar algo más a la cultura del ser mexicano.
Samuel Ramos en su libro sobre el Perfil del Hombre y la Cultura en México nos propone que es el hombre el centro mismo de toda cultura. Son sus valores lo que importa sostener y desarrollar.
Y cita a Max Scheler quien afirmó que “la educación no es para algo”, es decir para formar profesionistas, adiestrar candidatos, preparar personas para un cierto rendimiento, informar y llenar de conocimientos.
Se trata más bien de que toda formación, entrenamiento, instrucción, capacitación o adiestramiento tienen como fin un beneficio a la cultura reinante.
Es decir, la educación le rinde sumisión a la cultura.
Y la cultura es en sí misma el cabalgar espiritualmente en “beneficio del hombre perfecto”.
“La finalidad última de la actividad espiritual no es la obra de cultura, sino el desarrollo de la personalidad humana” nos dice Ramos.
Ya los mexicanos somos más conscientes del vacío que llevamos en nuestro ser y también hemos despertado el deseo de llenarlo.
Enfatiza Ramos: “Ojalá que todo el mundo se convenza de que el problema de nuestra cultura no es tanto el de hacer obras, cuanto el de formar al hombre. Si existe eso que se llama “conciencia pública” debe sentir la realización de esa obra como un apremiante imperativo moral”.
Pero para lograr semejante tarea, es necesario, nos afirma el autor: librar a los mexicanos de los complejos inconscientes que hasta hoy han cohibido el desarrollo de su ser verdadero…especialmente de su idea deprimente de su poca valía”
El mexicano no se valora a sí mismo, porque se compara con otras naciones o culturas y se acaba por creer que está por debajo de las demás.
Y con mayor contundencia agrega: “Cuando tales complejos deprimentes se desvanezcan, desaparecerá automáticamente el falso carácter, que, como un disfraz, se superpone al ser auténtico de cada mexicano para compensar los sentimientos de desvalorización que lo atormentan. Comenzará entonces una segunda independencia, tal vez más trascendente que la primera, porque dejará al espíritu en libertad para la conquista de su destino”
Y concluye con fuerza: “Cuando el mexicano haya escapado del dominio de las fuerzas inconscientes, querrá decir que ha aprendido a conocer su alma”
De esta manera la aportación de Samuel Ramos nos orienta a tener una ruta clara que seguir. El carácter del mexicano necesita librarse de sus ataduras de tristeza y acomplejados sentimientos de minusvalía.
Requerimos de una mayor sinceridad con nosotros mismos, de una confianza que nos aleje de estarnos comparando con otros países y de imitar soluciones ajenas.
La verdadera educación que necesitamos los mexicanos, es la que nos conduzca a una cultura que dignifique nuestra identidad y nos impulse a ser mejores personas y mejores mexicanos.
Auténticos guerreros que luchemos por el bien de todos, y no para el beneficio de unos cuantos egoístas y corruptos.

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