Educar, es más allá que dar clases.

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Octavio Paz nos recuerda, en el Laberinto de la soledad, que en base a Justo Sierra y Vasconcelos “La nueva educación se fundaría en la sangre, la lengua y el pueblo”
Y agrega: “El movimiento educativo poseía un carácter orgánico. No es la obra aislada de un hombre extraordinario”. En la tarea educativa “colaboran poetas, pintores, prosistas, maestros, arquitectos. músicos. Toda, o casi toda, la “inteligencia” mexicana.
De esta manera Paz nos sumerge en una idea que integra a los diversos protagonistas de la educación en México y propone no reducir, este importante compromiso con nuestra Nación, a una aula de clases o a un gremio magisterial.
¿En qué momento hemos puesto la educación sólo en los maestros, y dejamos a un lado a la “inteligencia mexicana”
Y nos recuerda el ideario de Vasconcelos: “Concibe la enseñanza como viva participación. Por una parte se fundan escuelas, se editan silabarios y clásico, se crean institutos y se envían misiones culturales a los rincones más apartados; por la otra, la “inteligencia” se inclina hacia el pueblo, lo descubre y lo convierte en su elemento superior”.
Así la educación surgida en los albores de la Revolución pretende llegar al pueblo, al uso de la palabra, el idioma, a cultivar la identidad, a reafirmar la sangre del ser mexicano. En fin, a reunir el talento de los hombres más letrados para llegar a los iletrados.
Que las artes populares resurjan “que en las escuelas y en los salones vuelvan a cantarse las viejas canciones; se bailen las danzas regionales, con sus movimientos puros y tímidos, hechos de vuelo y estatismo, de reserva y fuego” nos describe Paz.
¿Dónde están los intelectuales mexicanos, que han dejado la tarea educativa sólo en manos de los maestros?
¿Qué hay de los nuevos muralistas, los poetas, prosistas y oradores?
Parece que este lazo se ha quedado sin un puente que los una. Hemos acabado por reducir la educación al aula de clases y a los insignes maestros.
Necesitamos concebir un nuevo rumbo que nos vuelva a dar carácter y estilo a nuestra visión de educar. A ese maravilloso empeño por dar sentido y alegría a nuestra identidad. Cultura y civilidad que nos estimule a transformar a un México más próspero y productivo.
Las nuevas generaciones no esperan aprender de hombres extraordinarios y superdotados, ni de gremios en conflicto y resistentes a los cambios. Sino anhelan un espíritu de lucha para seguir construyendo, con dignidad y honor, una nación llena de empleo, de oportunidades, de crecimiento, de apertura a los nuevos talentos y desde luego a incrementar el orgullo de ser mexicano.
¡Despierten intelectuales mexicanos! la educación está también en sus manos, en la novela, la pintura, el cine, la música, las artesanías, los museos, las esculturas, los murales y en fin en toda expresión plena de nuestros hombres y mujeres más talentosos.
Hoy tenemos más recursos que antes, más tecnología y conocimientos de nuestra realidad e historia.
Educar está más allá del aula.

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