¿Qué haces mexicano?

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Pos aquí esperando el camión, que no llega. Ni sillas para sentarse, ni lana pa el taxi. Dos horas diarias de esperar, mugre transporte, nimodo.
Ya ni quejarse es bueno, ni llorar tampoco, muy echadito para adelante, así camina el mexicano erguido con su honor humillado, pero muy digno.
Qué más hacer que “chambear”, y mientras pego ladrillos escucho la radio y los chismes de mi compadre.
– A ver Julian, preguntó su compadre ¿Cómo que los mexicanos nos pintamos a nosotros mismos?
Con voz sombría y tenue le responde con una mueca de “pos nomas”.
– Como que hacemos las cosas a nuestra manera y ya. A veces ladinos, a veces acomedidos, pero eso si muy chambeadores cuando queremos.
– ¿Ah poco? . Respondió el compadre con sorpresa.
– Ya ve, las penalidades de la vida, viviendo la vida semibeodo, pero sin broncas ni accidentes. Aquí hacemos de todo, hay que salir de la miseria y llevar el chivo a la mujer, ya viene otro hijo en camino. A veces aseo las calles de las colonias de los ricos y otras lavando carros, pero eso si mi pomo no lo dejo, es mi fiel compañero.
Don Julian se levanta, saca de su mochila una botella y le da un trago a su alipus, mientras dice con suspiros llenos de nostalgia y arrepentimiento.
– Eso me pasa por no estudiar, le debí hacer caso a mi padre cuando me dijo que me metiera a la escuela.
-¿Pero le gustó la lana demasiado pronto? preguntó el compadre.
Julian sacó un paleacate de su bolsa trasera y se limpió la boca y el sudor de la frente y dijo:
– Eso es lo que nos pasa a muchos, desde muy temprano salimos a trabajar por la pura necesidad y luego ya los libros y la escuela se van quedando muy lejos. Pero eso si, somos entregados al trabajo, tratamos de ser buenos padres y no tan peor esposos. Pero ya ve, compadre, los amigos tan sonsacadores, no lo dejan a uno y allí es donde la puerca le torció el rabo a la vida.
– Jajajaja. Se rió espontáneamente el compadre y dijo:
– ora echele la culpa a los amigos.
Julian no supo que hacer, pero nomás se rió también y admitió que ni al caso. El era el único responsable de su suerte.
Así vivimos muchos mexicanos, en medio de la monotonía y que sólo nos rescatan los días de jolgorio, de diversión y parranda.
Los mexicanos hacemos de toda situación un motivo de fiesta, de copa y de chismes.
La suerte no llega, el arrepentimiento tampoco. La culpa la tienen los imbéciles y sólo queda trabajar y sobrellevar la vida, esperando mejores oportunidades.
Hago lo que puedo, lo que está a mi alcance. Y si no sale, pos no hay nada más qué hacer. Ni optimista ni pesimista. El gobierno no hace nada y espero que algún día lo haga. Pero a mi que me dejen en paz.
Ya viene mi camión, a empujar, porque sino no quepo.

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