¡Nos falta carácter!

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Es un imperativo moral, el que los mexicanos forjemos un sólido carácter, capaz de levantarnos en los momentos más difíciles de nuestras vidas.
Samuel Ramos en su libro sobre el Perfil del Hombre y la Cultura en México, nos dice: “sus hombres tienen ya conciencia del vacío que llevan en su ser, y ha despertado la voluntad de llenarlo, formando la personalidad que falta. Ojalá que todo el mundo se convenza de que el problema de nuestra cultura no es tanto el de hacer obras, cuanto el de formar al hombre”
Si, efectivamente ya sabemos que cargamos con ciertos vacíos que nos atropellan en muchos momentos claves de nuestra vida. Que al caer en el fracaso, todavía lloramos en vez de levantarnos y seguir adelante. Que aun añoramos la protección y el cuidado de nuestra madre y nos quejamos de la ausencia de nuestro padre.
Tenemos que llenar el hueco que aun nos persigue con temores que nos quitan el sueño. Y Ramos nos sugiere que: “Para cumplir ese destino, es necesario, primero, librar a los mexicanos de los complejos inconscientes que hasta hoy han cohibido el desarrollo de su ser verdadero. Sería una ingenuidad creer que la conducta del hombre es impulsada por sus móviles aparentes. Con más frecuencia de lo que parece, el hombre no sabe lo que quiere y se engaña respecto a los resortes efectivos de su acción.”
Eso complejos inconscientes que nos arrastran a cometer nefastos errores, y que nos impiden luchar como guerreros que somos.
Tal vez complejos de superioridad y engreimiento, que sólo enmascaran nuestros persistentes sentimientos de inferioridad e impotencia.
Fuerzas ocultas que perturban nuestras capacidades e ilusiones, en los momentos más inoportunos.
“Torciendo el juicio de la inteligencia, cegando el sentido de los valores hasta provocar un cambio mental en el sujeto favorable a esos fines misteriosos”, nos dice Ramos.
Es que ante el triunfo, somos capaces de un franco sabotaje y mermar nuestras fuerzas a cambio del ridículo.
Perdemos el dominio de nosotros mismos y dejamos que fluyan las tenebrosas cavernas del miedo ancestral y nos entregamos cobardemente a la derrota.
Nos falta carácter para luchar ante las adversidades y levantarnos valientemente, para al menos decir: ¡Cobré cara mi derrota!
Samuel Ramos nos ayuda a comprender que no “es fácil destruir tales complejos nocivos, procedentes de una injusta autoestimación de valores realizada a través de criterios europeos. Si el mexicano tiene una idea deprimente de su valía, es porque se ha fijado en valores de comparación”
Al compararnos con otras culturas, nos asalta el temor de sentirnos menos e incapaces. Caemos en la duda y el titubeo se hace manifiesto. El tropiezo es inminente. Por querer a fuerzas vencer, acabamos siendo derrotados porque el miedo a perder es más fuerte que el deseo de ganar. Porque la fuerza necesaria para el triunfo, está en vencer primero el sentimiento de baja autoestima. En no confiar plenamente en nosotros mismos.
Por eso nos hace falta carácter.
Hay que trabajar en ello.

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