¿Por qué llora la mujer mexicana?

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A las mujeres les está bien llorar, a los hombres recordar
Tácito (Historiador romano, 55-115)
Decía también una Novelista Inglesa Charlotte Brontë (1816-1855) que llorar no indica que eres débil. Desde el nacimiento, siempre ha sido una señal de que estás vivo.
Es que la mujer mexicana, dice M Loreto “reconoce su relación íntima con el hombre; pero, también con tendencia a marcar diferencias en razón del sexo, se niega validez como individuo. No supone necesaria la interrelación del hombre y la mujer; acepta que aquél no necesita de ella aunque ella no pueda ser sin el. Esta su dependencia necesaria del hombre la considera parte integrante de su feminidad.”
Recordemos que esta reflexión es parte del intento por rescatar el estudio de la identidad del mexicano. Por lo que no es un análisis de lo que hoy sucede, sino de lo que ha sucedido a los ojos de nuestros autores invitados.
La mujer le llora al padre que la ha abandonado, al esposo que la deja sumida en la soledad, al hombre que le es infiel, a la impotencia por salir por ella misma de los complejos problemas que tiene que enfrentar.
Se cree débil, se siente injustamente tratada, ha sido abusada y tiene que sacar adelante a los hijos bastardos que muchas veces no conocen al padre.
Agrega Loreto: “La madre es para el mexicano un principio de vida no solamente físico, sino espiritual; aprendemos de ella formas de expresión, de comportamiento y de sensibilidad; nuestra propia mentalidad está formada por las ideas, hábitos y ambiente que nos alentaron en el hogar, junto a la madre.”
La madre le llora a los hijos y los hijos a ella. Simplemente la mujer mexicana aun no sabía estar sola, no tenía manera de salir adelante sin su principal razón de vivir. Los hijos…
“El mexicano se forma al lado de la madre, mujer con carácter débil e informe, lo natural es que el hijo presente sus misma deficiencias” explica Loreto. Y agrega: “Siente la presión del medio hostil, sembrado de obstáculos, que le exige una fortaleza moral y una reciedumbre de las que carece. Siente la presión del medio ambiente y se conoce débil; la madre, la mujer amorfa, sin voluntad ni experiencia, no pudo trasmitirle ninguna de las cualidades necesarias para esa lucha por la vida que ahora se ve obligado a llevar; mas no tiene otra alternativa que la de seguir adelante; este áspero medio social en el que vive no le permite refugiarse en su impotencia; le exige fuerza y trascendencia; y entonces, ante lo irremediable, trata de ser lo que no es, con ese ímpetu alocado que nace de la desesperación.”
Así la mujer llora y llora, mientras saca fuerzas de donde sea, para seguir adelante en su solitaria vida, tratando de sacar a los hijos de la mejor manera, con sacrificios y lágrimas hace todo lo posible por resolver sus problemas añorando al hombre que se fue.

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