¿A quién le lloran los hombres?

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Una vez que pierde la protección y el cuidado de su madre, se siente desolado frente a las inclemencias del mundo. Y así comienzan a rodar las primeras lágrimas en su masculino rostro.
Una clara idea que nos regala Santiago Ramirez en su libro sobre el Mexicano, estudiando la psicología de sus motivaciones.
El hijo comienza a peregrinar por la vida con la eventual ausencia del padre, y que cuando está presente le exige y regaña, especialmente cuando está borracho. Muchas veces con golpes e insultos.
“El niño mexicano desde muy temprano aprende las técnicas que le pueden ser útiles para burlar a ese padre violento, agresivo, esporádico y arbitrario. Rápidamente se organizará en precoces pandillas en las que el muchacho, en compañía de sus amigos de edad, se dedica a hostilizar y zaherir a las figuras paternales de su ambiente. Es así como se inicia y toma principio la psicopatía del mexicano”
Ya no quiere llorar ni quejarse, ahora hará alarde de su masculinidad abrazando con singular gusto el “machismo” que – a decir de S. Ramirez- matizará todo el curso ulterior de su vida. Y si alguien se atreve a cuestionarle su hombría saltará a la palestra del pleito, pues lo sentirá como una profunda afrenta a su identidad.
“La imagen de la madre es visualizada ambivalentemente; por un lado se le adora, tanto en lo particular, como en las formas del lenguaje y religiosidad; por otro se le hostiliza y odia, en virtud de un doble tipo de hechos. Se le acusa por no haber dado un padre fuerte y por haber colocado al hijo ante la terrible situación de pasar del paraíso del afecto al infierno del abandono.”
Está enojado y triste, se siente con ganas de llorar y se detiene porque no quiere hacer el ridículo ante sus amigos. Hay que ser hombrecito. Anhela a la madre pero le tiene coraje también. Con ella no me desquito, pero si con la que me vuelva a abandonar.
Así surge el alcoholismo junto al guadalupanismo, nos dice Santiago Ramirez.
Es violento consigo mismo y con los demás, pero al mismo tiempo busca a la mujer con cariño, en especial venerando a la madre.
“Una de las cosas que más importan en la vida del mexicano es su relación con la madre; usándola como estandarte y símbolo se rebelará contra el padre, y obtendrá su afirmación en la gesta de independencia; usándola como símbolo fiel que le acompaña siempre, la soldadera, gestará la revolución contra la arbitrariedad del padre cruel y distante: la dictadura.”
El mexicano quiere llorar, pero ya no puede, le tiene miedo a sus propias lágrimas, cree que se debilita su machismo si lo hace.
Pero con las copas encima, aflora su dolor y brotan torrentes de lagrimas, ahora por la mujer que no lo quiere o lo ha rechazado.
Le quiere llorar a la madre, a la mujer que ama, pero acaba llorando de abandono, impotencia y frustración.

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