4. El juicio de los demás

Ahora la pregunta de mi fealdad o belleza deja de ser un asunto de un diálogo frente al  espejo,  surge la misteriosa sombra de lo que piensan los demás de mi.

Aparecen interrogantes y preguntas, cada pariente y cada amigo se transforman en potenciales críticos de mi cara y de mi cuerpo. Peor aún, los demás, la sociedad entera pueden notar mis fealdades o bellezas. Pero principalmente temo la primera.

Para vencer mis dudas me atrevo a preguntar a mi seres más queridos, mi mamá o papá. ¿Cómo me veo?

Lo que digan reconforta mi autoimagen, me da una pausa para convencerme de que no soy ni tan fea ni tan bella, como el espejo dictamina y como mis temores lo anuncian.

El juicio de los demás se puede convertir en una obsesión, y salgo a la vida pública en busca de respuestas.

Cualquier comentario u observación, quedarán registrados en el catálogo de opiniones que iré edificando.

Ahora el espejo confirmará lo que me han dicho de mi.

Mis padres no se afligen por mi, pero yo si. Ellos siempre me verán bella. De los demás,  lo tendré que averiguar.

 

 

 

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