Si tu hijo es adicto ¿Qué hacer?

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Un dolor inevitable

Cuando un padre descubre que su hijo consume alguna droga, regularmente se pierde la cabeza y se monta en cólera. Con ganas de regañar, castigar, restringir y ofender.
Pero la realidad humana nos debe de llevar a cambiar la reacción, para en vez de explotar en enojo, se trata de buscar escuchar al hijo sobre lo que le pasa y tratar de ayudarlo a salir adelante. Mas bien lo importante es saber por qué ha caído en semejante conducta.
Hasta no entender bien lo que ha pasado, es mejor no buscar soluciones, como muchos padres que casi de inmediato le hablan a una clínica de rehabilitación para internarlo de inmediato, después de largos sermones y acusaciones.
Ya hemos comentado, en esta misma columna, de que estamos frente a un problema emocional afectivo, que regularmente tiene una causa compleja, por lo que no se puede inferir que se está portando mal, que ha desobedecido o cualquiera otra cosa de esta índole, que además de ser cierto, no nos sirve de nada para encontrar la mejor solución.
Hace algunos meses conocí a un padre desesperado que en cuanto se enteró de que su hijo fumaba mariguana, casi sin pensarlo lo interno en una clínica en la que estuvo 6 meses. Al salir el hijo, además de estar decepcionado de sus padres y sentirse molesto y enojado, porque simplemente no le preguntaron ni por qué lo hacía ni desde cuando había empezado. El hecho es que tenía sólo unos meses de consumo, lo que en general no amerita internar a un joven de 19 años que además deja escuela y sus actividades normales para irse a rodear de verdaderos y crónicos adictos.
Pero lo más interesante fue descubrir por qué lo hacia. Según el muchacho, era para llamar la atención de sus padres, porque especialmente el padre, esclavo de su empresa, prácticamente no le hacía caso. Además el fumar marihuana lo hacía sentir bien mientras resolvía su enojo contra él.
El caso es que había más bien un chantaje de fondo, tu no me haces caso, yo fumo y haciendo lo que más te molesta, cuando te enteres entonces me vas a poner atención. Y de hecho así sucedió.
Pero la lección está muy clara el dolor se hubiera evitado con tan sólo preguntarle por qué lo hacia. Y el padre responder, que ahora si le iba a poner más atención.
Por qué no empezar con lo más elemental y simple. Eso es lo primero que debemos de hacer. Antes de ponerlo en manos de alguien más, hay que asumir la propia responsabilidad y atenderlo escuchando y comprendiendo. Exigirnos más afecto y cariño y un buen diálogo pleno de confianza.

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