Adictos a los celulares

Adictos a los teléfonos inteligentes

Por si las viejas adicciones no fueran suficientes, ahora crece, a pasos agigantados, la obsesiva revisión de lo que llega a las redes sociales y a ver todo tipo de fotografía y mensajes que aparecen por las diversas aplicaciones.
Es una extraña sensación, pero se ha multiplicado el vicio por estar, a cada rato, viendo lo que nos llega. Como si no pudiéramos esperar hasta un momento oportuno y mas tranquilo. Pues hay quien en las circunstancias mas inadecuadas se detiene para revisar su aparato y contestar lo que sea.
Ya no se puede uno sentar en santa paz, en donde sea hay que sacar el celular y revisarlo.
Pues esta conducta obsesiva, se ha convertido en una leve, pero importante adicción que lleva a muchas personas a sumergirse en un mundo tan personal y virtual que fácilmente te aleja de los que están más cerca de ti.
Además se ha convertido en un fenómeno global, como muchas cosas, igual pasa en Japón, que en Atenas o Moscú. Desde en la calle, en los medios de transporte o en cualquier sala de espera, la mayoría de las personas que poseen un poderoso celular, se sumergen en el mundo virtual. Peor aun, por medio de audífonos que además aíslan del sonido ambiental.
Aun no sabemos que va a pasar, pero por ahora ya se comienza a vislumbrar el tema de la obsesión y de la irresistible tentación, a cualquier hora, de ver que hay de nuevo. Y por supuesto que además de la alteración en las relaciones humanas, ahora hay alteraciones dramáticas del sueño. Y por supuesto, muchos accidentes relacionados con esta poderosa distracción. Algunos estudiosos prevén que se puede llegar a convertir en una de las causas más importantes de accidentes en las vías públicas.
Al fin y al cabo una adicción más, que no respeta edades ni condición social, pues aun personas de escasos recursos adquiere un celular inteligente, aunque lo pague poco a poco.
Por el momento no hay cura a tan avasalladora tentación. Hay quien los quiere prohibir de las reuniones, las connivencias familiares y lugares de trabajo.
Pero prohibir no es solución, es sólo un freno.
Aun falta mucho por estudiar esta novedosa dependencia.

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